Amo tu olor, ya lo sabes,
amo tu cuerpo dormido,
el secreto de tu piel
cuando amanece conmigo.
Cuando aún no te has lavado
ni el alma ni los sueños,
cuando el mundo no hace ruido
y tu piel guarda el invierno.
Amo tu olor, ya lo sabes,
tu manera de ser casa,
esa paz de otras vidas
que en tu cuerpo me descansa.
Cada rincón de tu cuerpo
es un altar aromático,
una memoria encendida,
un recuerdo casi mágico.
Tu olor me relaja,
tu olor me ancla.
Es mi hogar,
es mi mantra.
Es la fragancia de lo eterno,
la raíz de mi canción.
Donde no existe el miedo,
donde descansa mi voz.
Amo tu olor, ya lo sabes,
lo digo sin esconderme,
porque olerte es regresar
a la parte que no miente.
Olerte es volver a casa,
a mi esencia más desnuda,
a esa parte de mi pecho
donde la sombra no duda.
Y allí, entre tus pliegues,
perfumados de verdad,
cierro los ojos despacio
y me siento inmortal.
Tu olor me relaja,
tu olor me ancla.
Es mi hogar,
es mi mantra.
Es la fragancia de lo eterno,
la raíz de mi canción.
Donde no existe el miedo,
donde descansa mi voz.
Amo tu olor, ya lo sabes,
aunque el mundo no lo entienda.
Hay amores que se nombran,
y otros que simplemente
se respiran.




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